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Perfil realizado por F. B.
PETE SAMPRAS Sigue siendo "El Rey"
Dueño de un indiscutible perfil bajo, un saque potente e indescifrable y de una volea ganadora, Pete Sampras fue el símbolo del tenis de la década del 90.
Aquel joven que se consagró campeón del Us Open con tan sólo 19 años nació en Potomac, Maryland, hijo de Martha y Sotirios, un ingeniero aeronáutico que migró de Grecia y que una vez radicado en Estados Unidos trabajó en el Departamento de Defensa y en los ratos libres jugaba tenis.

Este hecho fue el que produjo, a los siete años, el primer acercamiento entre una raqueta, y un Pete tan pequeño que el revés lo hacía con dos manos, algo que dejaría en 1987. Los consejos recibidos de su padre fueron los que le posibilitaron desarrollar la habilidad que adquirió con los años. "Papá nunca se preocupó en los resultados en las categorías menores, sólo me decía: no te obsesiones por ganar ahora, perfecciona tu tenis. Si esta va a ser tu profesión, hazla de la mejor manera. Por eso jugaba con gente mayor. Y tuve suerte porque todos se ocuparon de Agassi y Chang y me dejaron a mi tranquilo pudiendo desarrollar mi tenis sin presiones".

Todo chico que comienza un deporte tiene ídolos, referentes a los cuales se quiere parecer y trata de imitar y como Sampras también fue un chico no estuvo ajeno a ello. Un amigo de su padre le obsequió 16 videos de Ken Rosewall y Rod Laver, dos grandes jugadores australianos, y mirándolos durante horas comenzó a copiar sus movimientos en la cancha, los saques, las voleas y la facilidad para actuar sobre cualquier superficie, y a partir de ahí se convirtieron en sus ídolos.

Su saque fue el más temible del circuito de la ATP, no por la velocidad sino por la precisión y variedad. El rival nunca sabía dónde iba a colocarle el latigazo fulminante que en los momentos más arriesgados del partido se convertían en un ace.
El doctor Peter Fischer, pediatra de los Sampras y consejero de la familia, admitió que la potencia y exactitud de los golpes de Pistol Pete se debían a su gran afición al básquet: "Pete es un fanático del básquet y lo juega muy bien. Eso le dio una perfecta rotación de hombros y aprendió a darle dirección a la pelota con la muñeca y los dedos tirando al aro. Trasladado al tenis, significa que él hace todo el movimiento, aplica perfectamente todo su peso cayendo sobre la pelota y decide la dirección sorprendiendo al rival".

Durante el transcurso de un partido, la lengua asomándose por encima de su labio inferior, era símbolo de su tranquilidad y concentración absoluta, antes de hacer una devolución o de ejecutar un servicio.

Su humildad y sencillez no se dejaron influenciar nunca por la fama. El rey de Wimbledon, siempre de bajo perfil, durante toda su carrera se movilizó como los demás tenistas del circuito, no fue un personaje que se exhibía demasiado y cada vez que podía pasaba cabizbajo frente a los medios sin buscar protagonismo, pero eso sí, cuando le pedían una entrevista a pesar del resultado accedía fiel a su palabra con el mejor de los ánimos.

Desde su primer torneo en Filadelfia, a los 19, hasta el último en el Us Open, con 31, Sampras acumula 64 títulos, 14 de los cuales son de Grand Slams, y la misma honradez y modestia que tuvo siempre.

Su look anti ídolo no cambió nunca, camiseta generalmente blanca, pelo corto, una manera pacífica de reclamar los puntos que considera necesarios y nunca se excedió en los festejos.

Aunque le hubiera gustado que nadie esté enterado, se sabe que Sampras realizó y realiza grandes donaciones y está muy comprometido con la lucha de prevención contra el cáncer. Cuando todavía estaba en competencia por cada ace que marcaba donaba 200 dólares para la American Cancer Society Public Foundation y en el 2000 entregó un millón de dólares a la organización. Fue nombrado miembro del consejo de la conciencia pública de la sociedad americana del cáncer y presidente del programa de las caridades del viaje de la ATP en 1992, entre otras.

El hombre que se mantuvo durante seis temporadas como número uno del mundo, además de ser el mejor jugador de tenis de la última década, es un gran golfista. En un torneo pro-am a beneficio ganó el "long drive" lanzando el tiro de salida a 322 yardas, es decir a tres cuadras. Fanático de los Angeles Lakers y los vaqueros de Dallas, sólo le dedica una hora y media diaria a los entretenimientos.

A fines del 2002 con 31 años, casado con la actriz norteamericana Bridget Wilson y esperando su primer hijo, Sampras tomó varias decisiones importantes en lo que fue la recta final de su carrera. Despidió a su entrenador de años, Paul Annacone, y contrató al español José Higueras, con el único objetivo de ganar su Grand Slam número catorce y aumentar la diferencia sobre Roy Emerson.

No sólo se coronó campeón del Us Open, sino que además lo hizo frente a su clásico rival, Andre Agassi, brindando por última vez un espectáculo único, esos que cuando ya son percibidos por los ojos se graban dentro de la mente y se convierten en imborrables.
Pero llegó el momento y se fue. Con los brazos en alto saludó a la gente y se fue. Sí, se fue como siempre, con la cabeza inclinada, a paso lento, con el premio más importante que un hombre de bien puede desear, el reconocimiento y respeto del público y sus rivales. Sin corona, pero "Rey".



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